Saga Bacardí
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Introducción
1 .de Bacardí

Estudio realizado por Julio-Carlos García Castrillón, comenzado en septiembre del año 1.998

Dado la cantidad de generaciones pasadas, este trabajo permanecerá abierto e introduciéntose datos hasta que considere estilmadas las fuentes de información.

Esta investigación está dedicada a mi suegro
D. Ignacio Mónaco Gassó (a quien no he conocido),
Pues, perteneciendo a otro mundo social le tocó poner
los pies firmemente en el nuestro.










Antes de entrar de lleno en los antecedentes por orden cronológico, hago una
especial mención a los Clavell, Tomba, Gironella, pues a pesar de alguno ser familia colateral entre ellos, se ha de explicar claramente. Los inicios de los capitales familiares y de la Burguesía Catalana en especial que se generó a partir de principios del siglo XVIII, arrancan de entre los Gremios de Sastres, Pellaires, Velers y Adroguers, siendo los comerciantes los primeros en enriquecerse y establecer nuevas formas de clase, de los cuales estas familias tenían especial arraigo y mando.
De entre estos apellidos, vemos, junto con los Bacardí, que se mezclan constantemente por asuntos de negocio, de gremio y de familia, o haciéndose de manera endógama familia entre ellos, por lo que me resulta muy difícil poner a cada cual en un apartado diferente y propio.
Hay algunas familias, que entre sus miembros hubo quienes dedicaron sus vidas a la religión, otros que para alcanzar cierto prestigio social se hicieron miembros de la Inquisición, también hay ciertas familias que se decantaron por el ejército, dependiendo del momento histórico.
Una de las cosas importantes de ver es la cantidad de pleitos que la mayoría de estos individuos llegaron a tener.
Recuerdo, hace unos cuantos años, el padre de un amigo de la infancia, que era juez, vi una entrevista en la televisión, que dijo algo asi como… “Pobre de aquel que por no tener, no tiene ni pleitos, porque ese es pobre de verdad…”
Esta frase me hizo reflexionar sobre todo este estudio, por lo que no creo pueda colocar todos y cada uno de dichos pleitos.

Al inicio de la búsqueda de documentos, tenía el convencimiento de que “la petita burguesía” había sido un invento surgido a mitades del siglo XVIII, pero lo que ocurrió desde esa época, fue que la gente pudo acumular mas riqueza venida desde fuera, que producían mas de lo necesario para el consumo autóctono, para vender en nuevos mercados.
Podemos observar, que antes de la guerra de sucesión, ya existía una burguesía comercial, sin las grande diferencias que años después marcó dicha burguesía con el resto de los ciudadanos.

Los capítulos matrimoniales fueron unos contratos con una importancia vital para la formación de las futuras clases emergentes, aunque también sirvieron para la continuación de oficios dentro de los gremios.
Podemos observar, que a medida que va avanzando el siglo, pasan de entregar cajas a las novias a entregar la cómoda, y en algún caso cómodas (a finales del siglo XIX, se entregaba incluso armarios). También se ve como van aumentando las cantidades dotales, así como alhajas y otras cosas.
Al no existir prácticamente inflación, el padre, podía adquirir el compromiso con los novios, de ajustar un tanto por ciento sobre un capital prometido, y pagarlo el heredero del padre en el momento de la muerte del mismo. La dote, en realidad era la herencia que el padre dejaba a cada uno de sus hijos. El heredero adquiría, casi siempre en el momento de “tomar estado”, no solo la nuda propiedad de todos los bienes del padre, sino también el compromiso de sostener a la madre y todas las responsabilidades del padre, por lo que el padre, en el momento que su hijo primogénito se casaba, lo constituía su heredero universal, dejándose el vitalicio de todos sus bienes para si, y en ocasiones para su esposa, incluida una porcíón dineral, que le dotaba de una cierta autonomía, que a su vez podría extinguir a favor de quien quisiera.
Los matrimonios los pactaban los padres de los novios, y eran contratos con toda la extensión de la palabra.
Los compromisos adquiridos en tales contratos eran de obligado cumplimiento para las partes.
La mujer catalana, justo en ese momento, adquiría para si una cantidad metálica que su futuro marido aportaba llamada “creix o escreix”, esta podría ser una proporción muy importante en comparación con la dote aportada por el padre, por lo que, el novio tenía que ir acumulando dinero antes de adquirir el compromiso de boda. Esta cantidad entregada a la novia, era la que le servía a ella exclusivamente, cantidad que por mas problemas que el marido pudiera tener, no era embargable, pues era un dinero absolutamente privativo. Escreix o creix era el pago por la virginidad, por lo que las viudas, solo lo adquirían del primer marido. Casarse con una viuda, evitaba, por parte del novio, tener que hacer ahorros para tal caso, por lo que, podía ser muy ventajoso, solo había que equiparar la cantidad entre ambos padres o suegros.
Los padres limitaban la cantidad entregada en caso que no hubiese descendencia que llegara a edad de testar, siendo menos importante el hecho de que fuera hombre o mujer. En caso de que los futuros esposos quedaran sin sucesión, la cantidad entregada se podía reducir considerablemente, y muy especialmente la hecha al hereu.
Podemos observar, que el marido limitaba a la mujer la cantidad dineral, en caso de que la esposa, quedando viuda, quisiera volver a contraer nuevo matrimonio, a no llevar el apellido del marido.
En algunos casos, el padre deja mandato que si su viuda y madre del donatario y el mismo, no quisieran seguir cohabitando juntos, podrían pactar (previo compromiso de pago por parte del hereu), de vivir separadamente. Dependiendo de la posición de la familia, esto podía ser muy ventajoso para la madre viuda, pues en algunos casos, les permitía vivir en otras ciudades, como París, o Montpelier, de las rentas que su hijo le hacía llegar.
También quiero destacar que la cantidad dineral que aportaba el padre de la novia, lo entregaba a su futuro marido y a su suegro, por lo que el expresado capital, pasaba a formar parte del capital de la casa del futuro marido, con las reversiones ya mencionadas.
Eran contratos, con compromiso que debía verificar el notario, o aquel que fuera el encargado de sus protocolos, con fideicomisos marcadísimos. Por lo que no eran sustituibles de nuevos cambios, mas que por lo dispuesto en los mismos.