Saga Bacardí
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CARTA DE WENCESLAO AYGUALS DE IZCO, PIDIENDO QUE INTERVENGA ENTRE CAMILO, HIJO DE FRANQUETA, HACIA ERASMO DE JANER Y DE GÓNIMA.


Madrid, 14 de Mayo 1856.
Mi querido hermano. Convaleciente de la grave enfermedad que me ha causado la irreparable pérdida de mi amada esposa (que en paz descanse) he leído la carta que con fecha de 7 del pasado escribiste a Sergio, y te agradezco mucho las palabras de consuelo que en ella me dirige tu buena amistad.
En cuanto a los poderes del procutador, cuando esté algo mas tranquilo y me haya informado con algún buen abogado de lo que hay que hacer, te escribiré inmediatamente. Entretanto para que este abogado tenga conocimiento de causa, y Sergio y yo, a quien el testamento de Franquita nombra albaceas, estemos bien al corriente de todo, es indispensable, y te suplicamos cuides se haga a la mayor brevedad, que el procurador nos mande un estado general de lo que poseía Franquita, con espresion de las fincas que le quedaban en la actualidad, siendo lo mas urgente una certificación legalizada que esprese que todo ello se le adjudicó a la interezada en representación de su dote, cuando el tribunal galló a favor de Guille el pleito que este tuvo con el viejo Torredá; en cuyo pleito creo que entendía el abogado Sr. Ferrer. En fin en esa os será fácil averiguarlo todo, y espero que me dirás todas las instrucciones que puedan ilustrarme.
Cuando Camilo sepa la muerte de su madre, creerá tal vez adquirir una grande herendia, y sería bueno que se le desvaneciera esta idea, porque me he visto apurado para satisfacer los exorbitantes gastos de reconocimiento, autopsia del cadáver, y funerales, de manera que exceptuando esas fincas, no hay nada mas de que disponer, y aun tendré que, reclamar al heredero los citados gastos.
Tu sabes, como todos los parientes, que cuando Franqueta se casó conmigo no tenia nada mas que dichas fincas,. Como que alguna vez, acudió a la generosidad de tu buen corazón, y yo el salario que ganaba en casa del Sr. Remisa, que apenas bastaba para la manutención de entrambos. Cuando murió mi hermano mayor, fuimos a Vinaroz, y encontré la casa de comercio arruinada. Para mas allí la época desastrosa de la guerra con grances apuros, hasta que nos vinimos a Madrid, y para fundar un periódico, que me proporcionó mas sinsabores que ganancias, tuvimos que vender mis cubiertos de plata y algunas pocas joyas que tenia Franquita, pues de otro modo no hubiéramos podido comer. Las tierras que vendió Franqueta sirvieron también para su manutención y la de sus hijos, a cuyos gastos habia de atender en Barcelona.
Ahora era cuando lo pasábamos mejor con mi salario como director de la Sociedad Literaria, pero este salario no era para ahorrar capital, aunque si para vivir comodamente, que no es esto poco en Madrid y en los malos tiempos que corren.
Yo quisiera que todo esto lo supiese Camilo, y si mandase poderes al Señor Olegario a ti, o a otra persona respectable, sería muy bueno para que se arreglase todo con la debida armonía, por que no quisiera tratos directos con él, que tan mal ha correspondido a lo que su pobre madre y yo hemos hecho siempre en su favor. Desearía que hiciera esto, pero yo no quiero escribirle.
Espero que me darás otra nueva prueba de tu bondad tomando con interés este asunto.
Espresiones a toda tu familia y demás parientes y amigos, y ti dispon del invariable afecto de tu desgraciado primo.
Wenceslao Ayguals de Izco.
Recibe afectuisas espresiones de Sergio.